Roberto Plate y su eterna obsesión por el color

Roberto PlateLa muestra Buenos Aires-París-Buenos Aires reúne óleos, acrílicos e instalaciones de Roberto Plate, uno de los artistas del mítico Instituto Di Tella.

Nunca se deja de ser “del Di Tella”. Como los egresados de los colegios célebres, las viudas perennes, los encerrados en un callejón de la historia, hay apellidos que se llevan por siempre. El maridaje con el instituto de investigación cultural que lanzó a las vanguardias a fines de los 60 fue una experiencia tan intensa que no se puede borrar de la identidad de ningún artista. Es una marca para toda la vida.

Roberto Plate tenía poco más de 25 años cuando presentó la instalación Ascensor en el Museo de Arte Moderno y la de los Baños públicos en la mítica sede de Florida al 900. Era 1968 y cualquier puerta abierta a la expresión libre hacía sonar las alarmas de la dictadura de Juan Carlos Onganía. Y la oportunidad las abrió. Ahí estaban los toilettes para ellas y ellos, sin mingitorios ni canillas pero sospechosas paredes blancas que los visitantes enchastraron con grafitis. La respuesta llegó pronto: la policía clausuró la muestra Experiencias visuales (así se llamaba) y poco después, en 1970, Plate se instaló en París, donde vive desde entonces.

La fotografía de aquel cierre, junto a las puertas encadenadas de los baños, y Ascensor son apenas el inicio cronológico de la exposición Buenos Aires-París-Buenos Aires, antológica que se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes. Todo lo demás son los cuadros al óleo y acrílicos sobre tela que Plate realizó en París desde los años 80 hasta la actualidad y que muestran su reflexión sobre la pintura, el color y el trabajo del artista.

“Lo visible que día tras día rodea a Roberto Plate en su taller de París: caballete, telas, bastidores, pinturas, tarros y pinceles -ese mundo olfativo y retiniano entrañable para el artista-, materiales que siendo siempre los mismos le han permitido a lo largo de su vida de pintor y escenógrafo evocar las cosas más dispares del mundo. Han sido su constante punto de partida para poner en marcha su cuerpo, ese otro gran protagonista que completa el milagro de su pintura”, dice en el texto curatorial Raúl Santana. Porque el cuerpo del artista, de espaldas, su sombra, los dedos, fragmentos, aparece en las telas vibrantes que acercan la lupa a la paleta y los pinceles.

Actor en sus comienzos, Plate es también escenógrafo, actividad a la que se dedica no bien llega a Francia: trabaja con el escritor y dibujante Copi en su obra Eva Perón y con el grupo Tsé, dirigido por Alfredo Arias, a quien conocía del Di Tella. Poco a poco, los escenarios de importantes teatros líricos de Europa le abrieron las puertas. También nuestro Colón, donde realizó Juana de Arco en la hoguera, de Arthur Honegger, en tres oportunidades, y otras puestas.

El centro de la muestra se encuentra en el cruce entre pintura y escenografía que expresa Reflejos, una instalación que había tenido su versión original en París en los años 90: una piscina con un pincel gigante clavado en el medio -y que llega al techo blanco como una tela salpicada de color-, rodeada de una galería de cuadros que enmarcan el espejo de agua, un abismo donde todo se refleja.

En grupos de a seis, puede caminarse este rectángulo y ser parte de la obra. Como pasaba en Baños y en Ascensor, cualquiera puede participar. Como en el Di Tella, un largo sueño que parecía terminado pero que vuelve con sus burbujas como una marea de juventud.

Buenos Aires-París-Buenos Aires, antológica. En el MNBA, Avenida del Libertador 1473. Martes a viernes, de 12.30 a 20.30; sábados y domingos, desde las 9.30. Hasta el 27 de este mes. Entrada gratuita.

Fuente: www.conexionbrando.com Por Leni González

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