Calindramo | Biografía

calindramo

Soy Calindramo y es el seudonimo con el cual firmo mis obras desde la aolescencia, nací en Buenos Aires, Argentina, en 1959. Cursé mis estudios en el Nacional N°8 Julio A. Roca y en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.
Mi profesión poco tiene que ver con la poesía soy licenciado en sistemas. Escribo poesía desde mi adolescencia y he cultivado esta afición hasta el presente, dedicándome también a la narrativa breve. Algunos me han dicho que mi poesía está enmarcada en lo fantástico y en una constante rebelión ante lo religioso y ante Dios. Pero eso es solo lo que dicen. Nunca he publicado, si bien cuento con un número importante de escritos.
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Algunos de mis trabajos:

Café.

Cuentan que Dios harto del desorden que imperaba en el mundo, se reunió con el diablo para proponerle juntos colaborar en tener las cosas del universo un poco más ordenadas. Dios citó al diablo en un café.
Por supuesto el diablo llegó tarde. Dios ya estaba esperando.
Al acercarse a la mesa y sin permitirse saludarlo, Dios se dirigió al diablo y le dijo: “Siéntate, te pedí un café. Te cité aquí para que de una vez por todas me ayudes a poner un poco de orden en el Universo. Y te diré qué haremos. Cada uno de nosotros elegirá tres cosas del mundo que manejará a su antojo y discreción. El otro, se comprometerá a no intervenir en ellas. ¿Te parece bien?”
Dios hizo un silencio y el diablo solo asintió con la cabeza en señal de aprobación.
Entonces Dios volvió a hablar: “Bien. Como Dios quien hizo todas las cosas, tengo el derecho a elegir primero. Y te diré las tres cosas que elegiré y en las que tú no podrás intervenir. Elijo el amor, el dolor y la pasión.”
Dicho esto Dios volvió a hacer silencio no sin querer evitar que se notara en su rostro infinito una sonrisa triunfal. Luego dirigiéndose al diablo le dijo: “Bien, es tu turno.”

El diablo miró a Dios, pensó un minuto (que en esa mesa de café implicaba una breve eternidad) y dubitativo inquirió a Dios diciéndole: “Debo elegir tres cosas que no pueden ser las mismas que tu elegiste. ¿Pero estoy obligado a elegir tres o puedo elegir solo una o dos?”
Dios, acostumbrado a los engaños de su eterno amigo, miró a su alrededor como buscando las señales de una trampa y luego contestó: “Puedes elegir una sola cosa o dos, pero como máximo tres cosas.”
Dicho esto el diablo se levantó de la mesa, miró a Dios y le dijo:
“Muy bien, elegiré entonces dos cosas. En primer lugar elijo a los poetas y en segundo lugar, que Tú pagues el café.”

Calindramo (Enero 1991)

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Hoy busqué algunas palabras y encontré una especialmente herida.
En mi infame inspiración junto a otras la tomé.
Cansado aguardé su prosa. Le exigí. Le grité.

Y ella muda, exhausta y quieta, mostró ante mí sus penas.
¡La esclavicé en mi rima absurda! ¡Desnuda la obligué a amarme!
Y no profirió queja alguna. Ni lágrima esbozó en la afrenta.

Y le dije: ¡Qué mal poema eres! ¡Y con furia la arrojé hacia afuera!
Y otra vez la mente en blanco y la apagada luz de mi poesía.
Ahora callo y me avergüenzo. Era solo una palabra herida.

Calindramo (Octubre 2006)
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Desde la inasible oscuridad de mi alma, donde ha calado profundo tu incontenible silencio, aún adivino tus rasgos y tus formas entre las maravillosas líneas de tu naturaleza.
Y puedo observar a todas las aves del mundo aletear furiosas en tu mirada.

¿Qué dios se habrá atrevido a tocar tu rostro?
¿Sabrá él que mientras tus ojos se cierran y se humedecen tus labios, viene a tí el recuerdo prohibido de mi demonio pronto a poseerte? ¿A abrazarte con sus dos alas grises para vestir tu cuerpo tembloroso y desnudo?

¡Oh vampira que deseas mi sangre! Vendrás decidida por ella.
¡Y mi corazón herido habrá de enfrentarte por última vez!
Y mientras el aroma de tu cuerpo y el calor de tu boca en mi cuello habrán de sellar mi lugar en la batalla, me poseerás.
Como otras veces lo hiciste. Como lo haces ahora.
Mientras escribes una y otra vez mi atormentado destino.

Calindramo (Junio 2012)
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En la noche inundada de marfil profundo,
Escondido al acecho del signo infinito,
impaciente aguardo amarrar tu cuerpo,
deshojar tu estirpe, celebrar tu acervo.

A lo lejos hambrienta una señal me llama.

Me espera en silencio cual oscura trampa.
Vergel escondido donde habita el alma,
de un caballo de espuma que a mi sangre brama.

Tus relucientes armas a blandir ya llegan,
y por testigos la noche y tus ojos de ámbar.
Tu carnal bandera en mi pecho despliegas
y en un instante enciende todas mis pasiones nuevas.

Victoriosa acabas. El ritual severo,
de amor, esperanzas y miedos sinceros.
En silencio quedo, ya vacío de estrellas.
¡Oh, tu rostro calmo! ¡Cuántos dioses lo anhelan!

Calindramo (octubre 2011)

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…a mi madre.

Amanece mi casa llena de pájaros y madreselvas.
Inundada de alegría somnolienta la mañana.
Soles que dividen el jardín hasta el infinito,
entre el olor a mujer y a rosas tempranas.

Esencias y recuerdos ocres, fotografías sin nombres,
evocando desde mi ocaso sin tiempo,
el rudo acento de su voz sincera.

Lejos de esta tierra, cerca del niño,
dentro de mi corazón convertido en hombre.

Calindramo (1987)
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Es una escena común. Ella le recrimina sus ausencias.
El la desconoce. Ya no es la colegiala que escribía su nombre en corazones dibujados hasta el hartazgo.
El niño los mira con ojos vacíos. Conoce el aburrido acto.
Finalmente él se va.
Ella besa al niño y parece aconsejarlo.
Apenas le sonríe.
Se sabe la rutina y corre hacia el interior de un edificio donde otros niños como él esperan. Ella lo observa atenta hasta perderlo entre la confusión de otros que gritan y corren por doquier.
Se queda sola.

Piensa que siempre lo estuvo.
Hay una mueca de tristeza y resignación en su rostro. Tiene el cabello de los ángeles.
Camina unas cuadras y entra a un café. Se sienta en la misma mesa que todas las mañanas la espera. El mozo le trae el té sin siquiera preguntarle. Inmóvil mira a través de la ventana.
Toma con sus dos manos la taza y bebe con la gracia de un cisne. Parece soñar. Soñar que todo puede ser distinto. Sueña con los ojos.
Y sus ojos son del color de las abejas.

¡Es una pena! Debo irme. Otros en mi lista me aguardan.
Hoy no vendré por ella. La quitaré de la lista.
Aunque ellos insistentes me reclamen su alma, yo solo deseo seguir mirándola.
Mirándola amar la mujer que se sabe y que está tan cerca de descubrirla.
Mañana vendré otra vez y otra vez volveré a preguntarme.
¿Por qué? ¿Acaso me habré enamorado?
¡Entonces volveré a sacarla de mi lista!

Calindramo (julio de 2004)
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Golpeaste insistentemente a mis puertas.
Y aquí estás ahora. Entra.
Conoce tu mundo, mira las almas a tu alrededor.
Observa a quienes sufren e imploran su salvación y redención.
¿Los salvarás? No lo harás. Por eso estás aquí.

Eres como yo. ¿Tal vez mejor? No vienes a salvarlos.
Solo estás aquí porque éste es tu mundo. Tu lugar.
¡Y porque te ha consumido La Pasión Calindramo!
Pero tienes que saber que Él lo supo. Y lo supo eternamente. Solo que jamás se atrevió a admitirlo.
¡Cobarde!
¡La Pasión es un Pecado Capital, aunque Él no lo admitará jamás!
¡Nuestro pecado Calindramo!
Y tú, mi mejor mensajero. Mi brazo dorado.
¡Oh, maravillosa serpiente de su Paraíso!
¡No! ¡No! ¡No te arrepientas ahora!
¡No desdeñes de tu alma, de aquella que habita tu corazón junto a tu demonio!
Ven y siéntate a mi lado.
No como un príncipe. Si no como un esclavo.
¡Esclavo de La Pasión!

Calindramo (Julio 2012)
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Destino.

¡Oh destino! ¡Eres todo menos mi deseo!
¿Qué Oráculo multiplica tu rostro por las noches?
Desgarras mis entrañas como el ave rapaz ante el nido sin padres.
Mientras tu hermano el tiempo alimenta la clepsidra con mi sangre.

No he de rendirme.
No he de entregarte mi alma solo porque tu libro lo dice. 
Ya mi corazón está listo para enfrentar a tus ángeles.
Y la irónica sonrisa de tu rostro manchado de servidumbre
No hará mella en el corazón de mi demonio cuando la hora llegue.

Y no te venceré.
Y aún cuando hayas creído haber ganado todo,
Aún cuando mi fértil cuerpo y mi oscura alma te lleves,
Aquí ha de quedar este amor. Testigo mudo de una batalla desigual, como llanto de un niño perdido.

Y no me compadezcas. ¡Yo no te daré tregua!

Calindramo (Agosto 1997)
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Ha llegado el momento de que tú y yo nos sentemos a hablar.
Despójate por un momento de la túnica angelical, bienaventurada.
Déjame verte como tú dices ver mi alma. Desnudo.

¡Pero si eres solo un hombre!

Dijiste amarme y prometiste jamás dejar de hacerlo.
No vienes cuando te llamo, pero dices estar conmigo siempre.
Venero cada día de tu misa y hago mis ofrendas más caras por ti.

Te amo.
Hipócrita.

¿Dijiste venir a salvarme? Pero te llevaste este amor y me dejaste tu cruz.
Para ti debe ser un justo pago por mis acciones.
Pero contigo nada es negociable.
Hasta lo escribiste en un libro que ni siquiera te molestaste en escribir.

Y aún te amo.
Hipócrita.

¡Déjame abandonarte! ¡Déjame!
¡Maldito hipócrita!

Calindramo (mayo 2012)

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